La Voluntad de Dios

La Voluntad de Dios

¿Cómo puede un creyente descubrir la voluntad de Dios en circunstancias confusas y difíciles?

Primero debemos considerar lo que entendemos por “la voluntad de Dios”. La voluntad de Dios consiste de dos aspectos: la voluntad secreta de Dios y la voluntad revelada de Dios. “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros.” (Deut.29:29) Nosotros solamente podemos preocuparnos por la voluntad revelada de Dios, la cual nos es revelada a cada uno de nosotros en Su palabra y en Sus obras.

Hay una enorme variedad en las cosas reveladas. Los asuntos más importantes relativos a la fe cristiana nos son enseñados claramente en Su Palabra, pero aquellos aspectos menos importantes algunas veces son más difíciles de entender.

Las formas en que Dios revela su voluntad a los hombres también son muy distintas. En los tiempos del Antiguo Testamento Dios mostraba a los hombres lo que debían hacer de una forma personal y especial, como por ejemplo cuando escogió a Saúl para ser rey (1 Samuel 9:15-17). Otro caso es el de David cuando preguntó al Señor si debía ir a pelear contra los filisteos (1 Samuel 23:2-4). Pero ahora, tenemos la Palabra de Dios completa, la Biblia, como nuestra guía y no debemos esperar que Dios nos conceda revelaciones especiales. Debemos escudriñar las Escrituras y en los casos en donde no hay ninguna regla particular para guiarnos, debemos aplicar los principios generales de la Escritura a nuestro problema particular.

Pudiera ser que todavía existan dudas acerca de “qué hacer”. Las siguientes reglas le ayudarán a descubrir la voluntad de Dios:

  1. Tenga un temor verdadero de Dios en su corazón y sea realmente temeroso de ofenderle. Salmo 25:14 dice “El secreto de Jehová es para los que le temen, y a ellos hará conocer su Pacto.”
  2. Estudie más la Palabra de Dios y menos los asuntos del mundo. La palabra es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino (Salmo 119:105). Ésta nos mostrará qué hacer y qué peligros evitar.
  3. Ponga en práctica lo que ya sabe. “Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos.” (Salmo 111:10).
  4. Ore para tener luz y entendimiento; ruegue al Señor para que le guíe y no le deje caer en pecado. (Esdras 8:21)
  5. Siga la providencia entre tanto que concuerde con la Biblia y no más allá de esto. En el día de aflicción es tiempo de humillarnos bajo la poderosa mano de Dios. Por otra parte, cuando la providencia nos trae bendiciones es tiempo de regocijarnos en Dios. “En el día del bien goza del bien.” (Eclesiastés 7:14).

Flavel, John. La Providencia de Dios. 1677. Reprint. Barcelona: Faro de Gracia, 2005.

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