La Suprema Autoridad

La Suprema Autoridad

La iglesia católica romana en el Concilio de Trento, hablando de la tradición, dice “la tradición no escrita, que, recibida por los propios apóstoles, y dictada por el Espíritu Santo, ha llegado hasta nosotros, transmitida por así decirlo de mano a mano… esa tradición recibe y venera con todo respeto y reverencia la totalidad de los libros tanto del AT como del NT, y ello por ser un único Dios el autor de ambos por igual…” “Se decreta que nadie que confíe en su propio juicio podrá distorsionar las Santas Escrituras según su propia concepción, o presumir interpretar de forma contraria al sentido que la santa madre iglesia juzgue su verdadera interpretación, y tampoco de forma contraria a la enseñanza unánime de los Padres”. Y dice también: “Es pues evidente que la sagrada tradición, las sagradas Escrituras, y la autoridad de la iglesia para enseñanza, están de tal forma relacionadas y bien trabadas que la una no pueda sostenerse sin las otras…”

La iglesia católica romana establece la tradición y la interpretación de la iglesia en autoridad igual con La Biblia. ¡Qué tremenda barbaridad! ¡Qué artimaña del diablo para engañar a los hombres! Me uno a la respuesta de Lutero en uno de sus escritos: “esa sentencia no es mera proclama de invención humana, es en verdad puro veneno enviado al mundo por agencia del príncipe malévolo de todos los demonios” (The Bondage of the will, pp.124).

La Palabra de Dios, la Biblia, es la Suprema Autoridad, y a ella debemos someter toda nuestra vida, nuestra conducta, nuestras acciones, nuestras actividades y ministerios.

EL CONCEPTO DE SUPREMA AUTORIDAD

¿Qué queremos decir con que es “Suprema Autoridad”? El fundamento de la Suprema Autoridad de la Palabra está en que son “inspiradas por Dios” como dice 2Tim.3:16. Las Escrituras son las palabras exhaladas por Dios, es el testimonio directo de parte de Dios, son sus palabras, y por lo tanto están dotadas de la autoridad de Dios mismo.

El carácter de Dios, que no puede ser engañoso ni mentir (Tito 1:2), otorga a las Escrituras plena autoridad. La Biblia es La Verdad (Juan 17:17), y por lo tanto tiene autoridad suprema, es la Verdad del evangelio, la única que debe ser predicada y obedecida.

Gal.2:4-5, “Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros.”

La verdad del evangelio es la que tiene autoridad suprema, y por lo tanto, no debemos someternos a otras enseñanzas.

LAS RAZONES PARA AFIRMAR LA SUPREMA AUTORIDAD

Podemos afirmar que la Biblia es Suprema Autoridad porque son así declaradas por Cristo y por los apóstoles, y porque es la Revelación completa y definitiva de parte de Dios.

Son DECLARADAS como la Autoridad Definitiva.

Las Escrituras son declaradas por Jesús como la autoridad definitiva, la autoridad final sobre todas las cosas. Cuando Jesús es tentado, al principio de su ministerio, en las 3 ocasiones su respuesta es rotunda: “Escrito está” (Mt.4) poniendo así punto final a todo posible debate. De la misma forma en Mateo 22:29, Jesús contesta a los saduceos (aquellos que decían que no había resurrección) “estáis equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios”, otorgando así la autoridad final a la Palabra. Las Escrituras son consideradas por Cristo, ley en su totalidad (Juan 10:34-35, 15:25). Y su cumplimiento no puede ser detenido, es imparable. Así Jesús, cuando fue arrestado en Getsemaní (Mt.26:54-56) dijo: “todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas”.

Además, Jesús confirmó la autoridad suprema de las Escrituras porque se sujetó a ellas en todo momento, no poniéndose por encima sino confirmándolas (Jn.5:39-47, Lc.24:44)

Lc.22:37, “Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito”.

Mr.14:21, “A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él”.

Jesús también mostró la autoridad de la Palabra a lo largo de su ministerio y enseñanza. Sus propias palabras eran autoridad, evidentemente. Pero Jesús también mostró la autoridad de la Palabra predicándola. En Marcos 1:22-27 vemos que Jesús predicó en la sinagoga de Capernaum y la respuesta fue admiración, “se admiraban de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”. La enseñanza de los escribas era sin autoridad porque no explicaban el texto, leían la Palabra pero no la explicaban, se basaban en enseñanzas e ideas humanas, en otras fuentes secundarias. Pero Jesús enseñaba la Palabra, como quien tiene autoridad, explicándola. La Palabra de Dios es la que tiene autoridad.

Son la Revelación COMPLETA y DEFINITIVA de parte de Dios.

El hecho de que la Palabra sea la revelación completa y definitiva de parte de Dios, no deja lugar a otra autoridad en competencia. Se trata de la autoridad absoluta.

El apóstol Pablo enfatizó que la Palabra de Dios es el fundamento definitivo sobre el cual la iglesia es edificada, según leemos en: Ef.2:20-21, “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas…”. Por este motivo, Pablo también escribe a Timoteo y le da todos los mandatos que se recogen en sus epístolas, diciéndole “esto manda y enseña” (1ªTim.4:11). Y de la misma forma le dice a Tito: “Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad”, (2:15) porque se trata de la Palabra de Dios y no de sus propias enseñanzas. La Palabra tiene autoridad.

Dicha revelación definitiva (La Palabra) es además completa. Judas afirma que la Palabra está completa y debemos por tanto guardarla.

Judas 3, “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.”

La fe que ha sido una vez dada a los santos, hace referencia al cuerpo de doctrina de las Escrituras. Así se refiere también Pablo en Efesios 4:5 “un Señor, una fe, un bautismo” y v.12-13 “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe”. La sana doctrina de las Escrituras, el fundamento sobre el cual somos edificados, como dice Judas 20 “Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe”. La fe que ha sido una vez dada a los santos, las Escrituras, la Revelación de Dios, que (como dice la LBLA) “de una vez para siempre fue entregada”. Con lo cual, dicha Revelación está completa.

CONCLUSIÓN

La Palabra de Dios es Suprema Autoridad, es la Verdad, es autoridad definitiva, completa, y absoluta. Por tanto:

  1. Podemos diferenciar la voz de Dios del resto de invenciones humanas y herejías destructoras (2Ped.2:1). La voz de Dios está en Su Palabra y Dios no habla a través de otros medios. Su Palabra es la revelación definitiva y completa. Su Palabra es la autoridad final.
  2. Podemos depender de la Palabra de Dios con absoluta confianza en ella, que transforma y obra para crecimiento en nuestras vidas (Hch.20:32, Rom.10:17).
  3. Requiere obediencia a sus palabras, porque son la suprema autoridad y juzgan a aquel que las rechaza y no las obedece (Juan 12:47-49).

Heb.12:25, “Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.”

C.H. Spurgeon, “Si la Palabra de Dios está verdaderamente en ti, concédele la preeminencia del gobierno. Que sea regente de tus pensamientos, guía de tu entendimiento, maestra de tus afectos, freno de tus pasiones, y estímulo de deseos santos… Pon las Escrituras, Palabra inspirada, pon a Cristo, la Palabra Encarnada, en el trono de tu persona, y ríndete a Él incondicionalmente.”

Bibliografía: Steve Fernandez, La Palabra Viva y Suficiente de Dios, Exalting Christ Publishing.

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