¿No ha llegado aún el tiempo?

¿No ha llegado aún el tiempo?

Por la gracia de Dios estamos al comienzo de un nuevo año y es sin duda un buen momento para “meditar bien sobre nuestros caminos”. Hasta 5 veces en la profecía de Hageo aparecen estas palabras, y nos invitan a reflexionar sobre nuestra actitud y prioridades.

El razonamiento del pueblo en el momento en que Hageo fue enviado era precisamente este: “No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada” (1:2). Habían pasado 16 años desde que se habían puesto los cimientos del templo, y el pueblo seguía diciendo que el tiempo para reconstruirlo no había llegado. La casa de Dios seguía en desolación porque el pueblo había dejado a un lado la obra de Dios para dedicarse a sus propios intereses. Desanimados e indiferentes habían perdido todo su interés en las cosas espirituales. Y es por esta razón, que Dios tiene que amonestarles: “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?” (1:4). Aquellas gentes estaban tan entregadas a las cosas materiales, que le robaban a Dios de lo que le pertenecía. No tenían dinero, ni tiempo, ni esfuerzos para el Señor, sin embargo se entregaban con ahínco a sus propios intereses materiales.

¿Acaso no presenta esto, un vívido cuadro de la situación actual del pueblo de Dios? Cuando somos jóvenes mantenemos la idea de que los estudios tienen prioridad, y que no es posible trabajar en la obra de Dios hasta que estemos graduados. Pasa el tiempo de los estudios y comienza la vida laboral, y seguimos manteniendo la misma prioridad. Comienza la fatiga, el esfuerzo, la tensión del trabajo para pagar la hipoteca y por conseguir un buen nivel de vida, y seguimos diciendo: “No ha llegado aún el tiempo…”. Y así vamos pasando los años de nuestra vida diciendo siempre lo mismo: “No ha llegado aún el tiempo, el tiempo…”. Y en el mejor de los casos le damos al Señor las postrimerías de nuestra vida, si no ocurre que al final de nuestros días, acostumbrados a poner “lo nuestro” en primer lugar, sigamos diciendo: “Bueno, después de trabajar tantos años, ahora me corresponde descansar, y disfrutar de la vida”.

“Meditad bien sobre vuestros caminos”. “Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová (1:7,8).

Y por fin, este grito halló eco en la conciencia del pueblo de Israel, y obedecieron la exhortación:Y oyó la voz de Jehová su Dios; y temió el pueblo delante de Jehová” (1:12). Y el resultado de aquel despertar no se hizo esperar. Dios mismo animó en sus primeros pasos a los que decidieron el camino de la obediencia: “Yo estoy con vosotros” (1:13). Y la obediencia de algunos al llamado de Dios produjo un despertar general. Ya no hubo mas demora. La voz de Dios había sonado claramente en los oídos del pueblo y sus corazones habían sido tocados.

Ciertamente no hay nada mas conmovedor y que nos anime tanto, como oír la voz del Señor diciéndonos: “Yo estoy con vosotros”. ¡Dios a nuestro lado! ¡Dios despertando y fortaleciendo nuestras vidas! Dios recibiendo honor y gloria por medio de nuestra obra. ¡Que maravilloso!. Difícil de entender, como el Dios Eterno puede hallar placer en el servicio de sus hijos, pero así ocurre cuando establecemos bien nuestras prioridades y le damos a Dios el primer lugar.

Meditemos sobre nuestros caminos, ¿de dónde viene la paralización de nuestro trabajo, de dónde la falta de interés en las cosas de Dios, de dónde la apatía, de dónde la frialdad que congela nuestros corazones, para que nuestros intereses sean prioritarios y los de Dios secundarios? Formulemos esta reflexión con sinceridad. “¿Es para vosotros tiempo de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?”.

Si lo hacemos, encontraremos a Dios mismo, su Espíritu y su Palabra, animándonos y fortaleciéndonos y diciéndonos: “Yo estoy con vosotros”. Aquel pueblo dio una respuesta positiva, ¿nosotros seguiremos diciendo: “no ha llegado aún el tiempo”?

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